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Exlibris firmado por Cosey: Ella o 10 000 luciérnagas
Exlibris firmado por Cosey: Ella o 10 000 luciérnagas - Ex-libris

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Exlibris firmado por Cosey: Ella o 10 000 luciérnagas - Ex libris N&B

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Exlibris firmado por Cosey: Ella o 10 000 luciérnagas

REF : COSEY-XLI-02

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Ex-libris firmado y numerado por Cosey: Elle o 10 000 luciérnagas.
Ex-libris disponible en dos versiones (una a color y otra en blanco y negro), y dos numeraciones diferentes.
Soporte: Papel velin grueso
Dimensiones: 21 x 15 cm

- Ex-libris firmado y numerado en 99 ejemplares (a color)
- Ex-libris firmado y numerado en 25 ejemplares (blanco y negro)

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Creada en 1975 y publicada por primera vez en Le Journal de Tintin, la serie Jonathan, llamada así en homenaje a Juan Salvador Gaviota, es obra de Cosey, dibujante suizo de 25 años en el momento de la creación del personaje, como su propio héroe.
Publicada hasta 2021 y compuesta por 17 álbumes en Le Lombard, la serie sigue los pasos de un joven suizo que viaja al Tíbet en busca de un amor de juventud. No la encontrará — ya no pertenece a este mundo —, pero sí hallará un país y una vida que decide amar.
Mucho más que un héroe de aventuras, Jonathan — que mantiene correspondencias imaginarias con sus autores favoritos — es un viajero interior, testigo del mundo, parco en palabras pero atento a los demás; un hombre en movimiento que disfruta recorriendo y descubriendo.
Al principio aparece como una figura muy hitchcockiana — un hombre corriente atrapado en una aventura demasiado grande para él —, pero pronto se revela dotado de una conciencia aguda. Sus viajes por el Tíbet, Nepal, la India o Pakistán no responden a un simple exotismo. Expresan una búsqueda, un deseo de alteridad y equilibrio. En este sentido, evoca a un Tintín moderno: menos periodista que buscador de humanidad, menos investigador que puente entre culturas.
El viaje es el núcleo de la serie. Pero en manos de Cosey nunca resulta espectacular en el sentido clásico. Los grandes espacios himalayos, las carreteras polvorientas, los pueblos aislados, los lagos de altura o los monasterios suspendidos se convierten en lugares de silencio y confrontación íntima. El paisaje no es un decorado: es un estado de ánimo. Esta dimensión contemplativa otorga a los álbumes un ritmo particular, casi meditativo.
El dibujo de Cosey contribuye plenamente a esta atmósfera. Las líneas son flexibles, depuradas, a veces frágiles, pero siempre precisas. Los rostros expresan emoción sin exageración. Los cuerpos se integran naturalmente en el espacio. En cuanto a los paisajes, reflejan un profundo conocimiento de los lugares: montañas majestuosas, cielos inmensos, luces frías o polvorientas… Cada viñeta respira.
La fuerza de Jonathan reside también en su narración. Los relatos se toman su tiempo. Los silencios cuentan tanto como los diálogos. Los encuentros ocupan el centro de la intriga: mujeres libres, monjes, marginados, viajeros, niños — entre ellos Drolma, especie de hija adoptiva que acompaña a Jonathan. Cada personaje secundario posee verdadera densidad. Cosey destaca en el arte de contar historias humanas donde la aventura exterior refleja una transformación interior.
Este dominio del tempo narrativo, unido a una gran sensibilidad psicológica, confiere a la serie una profundidad poco común. Los álbumes no se limitan a entretener: invitan a la reflexión, a la lentitud y a la escucha.
A través de Jonathan, Cosey ha construido una obra coherente, íntima y universal: un relato de viaje, sí, pero sobre todo una mirada al mundo, a los demás y a uno mismo.

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